Una sonrisa auténtica
Para que una sonrisa sea auténtica, algo tiene que estar bien por dentro. (Maharaji)
Hace poco vi un artículo en una revista en el que alguien había escrito: “La gente debería ser amable” ¿Qué hace que una persona sea amable?
Sería maravilloso si la gente fuera amable. Es una idea muy bonita, me gusta. ¿Pero qué hace que una persona sea amable? ¿Es tan simple como una sonrisa?
¿Le has dicho alguna vez a un niño que sonría? Hará cualquier cosa excepto mostrarte la sonrisa que buscas. Es como decirle a un niño pequeño: “Cierra los ojos y haz como si estuvieras durmiendo”. Es muy gracioso observarlo. Abren un ojo un poquito y parpadean; cualquier cosa menos ese sueño natural. Si le dices a un niño: “Haz como si estuvieras feliz”. Hará de todo excepto darte esa expresión que ves cuando realmente está feliz. No conseguirás que lo haga, y la razón es porque no puede. Cuando los niños tienen un motivo para sonreír lo hacen sin que nadie jamás se lo pida. Y seguirán sonriendo mientras tengan una razón para hacerlo, ni un segundo más ni un segundo menos. Y cuando tienen sueño, dormirán sin que tú les tengas que pedir que lo finjan. Sus ojos se cerrarán, sus párpados caerán suavemente, ni un momento antes ni un momento después.
Todo el mundo sabe que, para que una sonrisa sea auténtica, algo tiene que estar bien por dentro. Y para ser amable, algo tiene que estar bien por dentro, tiene que estar lleno. Lleno. No vacío, sino lleno. Entonces surge la amabilidad. Aparece, sin necesidad de pulsar un botón. Surge porque hay reconocimiento, hay comprensión, algo se ha conmovido. Y se dibuja una sonrisa porque algo se siente satisfecho.
¿Qué hace que una flor se abra en el desierto? Cuando se dan todas las condiciones necesarias para ello, la flor se abre. Lo mismo ocurre con la felicidad. No basta con congregar a la gente y decir: “seamos felices” .
Prem Rawat-Maharaji