A quien dar las gracias
Para la mayoría de la gente, la vida es como una sopa, un potaje de todo lo que han ido echando en el plato, un poco de esto, un poco de aquello… De pequeños, puede que nuestra ‘sopa’ fuera sencilla, deliciosa, dulce, maravillosa. Todo estaba perfecto. Pero luego, empezamos a agregar una pizca de esto y una pizca de lo otro, y en seguida los sueños, las ideas, los ideales, las metas y los objetivos que tenemos comienzan a entrelazarse hasta llegar a un punto en el que ya no distinguimos entre la vida misma y lo que ocurre en ella. Pero la vida existe por sí misma.
En cuestión de poco tiempo esa línea – el hecho de que estoy vivo, existo, y que eso es lo importante– empieza a desdibujarse y se vuelve muy borrosa. Es entonces cuando la gente dice: “Qué felicidad si me tocara la lotería” . Muchos se compran un boleto de lotería y luego sueñan con él: lo maravilloso que sería si realmente les tocara. “Sería tan feliz. Sería rico. Podría hacer lo que se me antojara. Sería tan poderoso que desaparecerían todos mis problemas.”
Antes de comprar el boleto de lotería esa persona ni remotamente piensa: “¿Por qué voy a comprar este boleto? ¿Para librarme de mis problemas? ¿Ésa es la razón? ¿O lo hago para satisfacer alguna fantasía desconocida que tengo, algo que creo que debo lograr?” . Una fantasía que corresponde a una idea prestada: “Ésta es la solución. Así es como se consigue la felicidad, la satisfacción. Así se alcanza la plenitud” .
En realidad, el hecho de estar vivo – respirando, siendo, existiendo– debería ser más que suficiente para el ser humano. El despertarse por la mañana y experimentar la vida; el despertarse y dar las gracias… La gente se pregunta a menudo a quién debería dar las gracias. La verdad es que no importa. Se trata simplemente de dejar que salga esa gratitud. Cuando te sientes realmente feliz, puede que te encuentres sonriendo incluso aunque no haya nadie presente para verlo. Y no tiene ninguna importancia que no te puedas ver los labios.
Pero, por algún motivo, no va así esta historia.
Prem Rawat-Maharaji