¡Hombre!, ¡pobre esclavo!
Habrá que cambiarte el nombre
¿Para eso te crearon?
Tú, rey de la creación y esclavo.
Rompe, rompe, rompe tus ataduras
Sé libre, libre, libre, libreee…e
Nacimos con la Libertad dentro de nosotros y a medida que crecemos y en nombre de esa libertad de personas mayores que creemos ir alcanzando, nos vamos esclavizando de todo lo externo.
Esta última reflexión me viene, al hilo de la ley que se ha aprobado estos días sobre la prohibición de fumar en determinados lugares y sobre las dificultades que va a suponer para muchos fumador@s, dejar su hábito.
Yo he fumado desde los 15-16 hasta los 31 años. ¿Qué cómo lo dejé?: aún recuerdo las palabras de quien se dirigió a mí, en el sentido de que, cómo yo, el rey de la creación, podía ser esclavo de algo tan insignificante como esto, decía, haciendo a la vez un significativo gesto con la mano; fue el principio del fin.
Empecé a reconocer ese regalo maravilloso de la Vida que se me había dado. Me enseñaron a valorar la Vida, a apreciarla y una vez apreciada, no podía dispensar a ese aliento que es portador de ella, semejante recibimiento: una atmósfera enrarecida, sucia, maloliente. Ese aliento que me llega a cada instante, se merece una bienvenida mucho mejor, más diáfana, más limpia, más pura.
El haber dejado de fumar, es una de las cosas que más satisfacción me ha producido en mi vida, no ya desde el punto de vista físico, sino también desde el punto de vista psíquico. En el físico, en el sentido que me encuentro mucho mejor cuando realizo cualquier esfuerzo de este tipo, ya sea subir unas escaleras o cualquier otra actividad que requiera un esfuerzo: no toses al final del día; menos cargada la cabeza; no hueles; no huele tu hábitat….. Desde el punto de vista psíquico, aparte de lo mencionado anteriormente, la sensación de que, al haber roto mi esclavitud a ese hábito, me sienta un hombre más libre.
Y sentir la Libertad es una sensación incomparable.