En tu interior

Prem Rawat-Maharaji me ayudó a encontrar en mi interior, lo que siempre estaba buscando en el exterior

Deseo

Archivado en: Poesía — Julio a las 12:06 am el Domingo, Marzo 26, 2006

Cuando yo me muera
Quiero que me despidas
Con una sonrisa
Y entenderé que has comprendido
Que no es muerte la muerte
Y que sigue la vida

Solución a la Adivinanza:

También podía haber titulado este post “Canto a la mujer”

Bueno, pues no se la solución de lo que será, pero algo tiene que atrae. Lo que si se es que Dios, la Naturaleza o quien quiera que fuese, hizo muy bien creándola para que disfrutáramos de su compañia

Adivina adivinanza

Archivado en: Poesía — Julio a las 3:17 pm el Miércoles, Marzo 22, 2006

¿Qué es mujer?
Qué es eso que tienen tus palabras
y no son tus palabras
Que tiene tu reír
Y no es tu risa
Que tiene tu mirar
Y es más allá de tu mirada
Que tienes toda tú
Y no eres tú
¿Qué es?
¡Eso quiero de ti!

La solución en el próximo post

La habilidad mística (escrito de Juan Ramón)

Archivado en: Juan Ramón — Julio a las 3:15 pm el Domingo, Marzo 19, 2006

Aunque la filosofía como disciplina cumpla con aquello de: “por la cual, con la cual, y también sin la cual pues te quedas tal cual”, a base de darle al tarro algún que otro filósofo como Aristóteles ha acertado con el más importante perogrullo alcanzable por el ejercicio de la razón, a saber, que el ser humano está diseñado para la felicidad. Otra cosa es dar luego con el procedimiento concreto.

Por ejemplo, la ventaja de los místicos sin importar cual fuera su cultura o religión ni la sociedad o el tiempo en que hayan vivido (o vivan), es que transmiten lo que ellos mismos alcanzaron mientras testimonian erre que erre cosas como ésta: ¿Crees que has sentido muchas cosas?, aún te falta sentirte en tu interior porque no existe sentimiento comparable al que habita en el interior del ser humano. ¡Qué hábiles!

El Gran Tema

Archivado en: Desclasificados — Julio a las 9:44 pm el Miércoles, Marzo 15, 2006

Esta expresión la empleé el otro día hablando con una persona, a la que le dije que no me importaría comentar con ella cualquier aspecto relativo al Gan Tema; y ¿cual es el Gran Tema?, preguntó. Pues es el tema que una vez resuelto, hace que todo vaya encajando y teniendo un significado en nuestras vidas.

¿PARA QUE ESTOY AQUI?. He aquí a la madre de todas las preguntas, al Gran Tema; porque si no tengo clara la respuesta, tampoco tendré claro lo que tenga que hacer en pos de no se qué objetivo.

¿Qué es lo que tengo aquí?. Pues tengo todo: desde el sufrimiento, a la dicha; desde la oscuridad más absoluta, a la claridad; desde el vacío, a la plenitud; desde los sueños, a la Realidad. Por cierto que sobre los sueños ando estos días con un poco de angustia vital, porque leo una y otra vez en distintos posts de la importancia de los mismos, sobre que sin ellos no se puede vivir y claro, he empezado a palparme aquí y allá a ver si echaba en falta algo y parece ser que no; que estoy completo. Pero me ha inquietado, tanta insistencia de unos y otros…Para mí esto de los sueños, es como los cuadros u otros adornos que puedas colocar en casa; están bien, adornan, pero lo importante de la casa es la casa en sí; su solidez; buenas paredes sobre las que colgar esos cuadros, que tal vez mañana cambies. Pues los sueños, lo mismo: están bien pero colgados o soportados por algo sólido; por la Realidad.

Entonces, estoy aquí y tengo un amplio abanico de opciones por las que decidirme. Puedo levantarme por la mañana, fabricar el sueño de turno o desarrollar uno de los ya fabricados, o por el contrario, puedo subirme a lomos de la Realidad y caminar todo el día sobre ella. Los primeros los tendré que fabricar y seguramente contar con el concurso de una tercera persona para llevarlos a cabo; tarde o temprano acabarán con su correspondiente dosis de frustración o sufrimiento. La segunda opción no hay que fabricarla y no depende de nadie excepto de mí. No hay que buscarla en lugares muy remotos, porque camina siempre conmigo; solo tengo que descubrirla.

Solo existe lo que tiene existencia propia: así existe la luz y no tiene existencia la oscuridad; existe el conocimiento, pero no tiene existencia la ignorancia; existe la plenitud, pero no el vacío; existe la Realidad, pero no tienen existencia los sueños.

Entonces, ¿a qué vamos a dedicar nuestra vida, a ir detrás de objetivos inexistentes, de fantasmas, que por su inexistencia nos van a llevar al vacío, o por el contrario vamos a dedicar nuestra vida en ir tras la Realidad que como consecuencia nos llevará a la plenitud?

Libres somos para elegir una u otra opción

Reflexión

Archivado en: Reflexiones — Julio a las 1:58 pm el Lunes, Marzo 13, 2006

Hace ya tiempo escribí:

Tal vez no sepa con seguridad lo que quiero
pero sí se con seguridad lo que no quiero
y esto me llevará a conseguir lo que quiero

Vista mi vida desde la perspectiva de hoy, me explico el que en tiempos, una parte de mí, se rebelara contra lo que consideraba injusto y otra no se entusiasmara demasiado por desarrollarse en alguna de las facetas en las que se desarrollaban otros.

Hoy entiendo que algo o alguien estaba jugando su baza, esperando pacientemente lo que tenía que llegar. Ese algo o alguien era mi corazón; bendita espera.

De ilusiones

Archivado en: Desclasificados — Julio a las 8:22 am el Sábado, Marzo 11, 2006

Ilusión: Imagen formada en la mente de una cosa inexistente tomada como real

¡Toda mi ilusión que había puesto en esto!
Y eso puede ser, un hijo, un negocio, un proyecto…
Falla ese hijo, ese proyecto, esa situación y ….
Pero, ¿por qué vivir de ilusiones?
Vivamos de realidades.
Conozcamos la Realidad y entonces podremos fabricar ilusiones; que no antes

Sobre la ilusión, hay expresiones comunes como: “Hay que estar ilusionado en la vida” o “sin ilusiones no se vive”. Para mí estas expresiones nacen o desde la ignorancia total, o desde la ilusión más absoluta ¿Es que acaso los niños, hasta que llegan a esa edad en la que empezamos a enseñarles a ilusionarse, no viven? ¿están muertos?. Tal vez no haya una manifestación más clara de vivir la Vida, sin ilusiones, que la que ellos reflejan.

Pero qué clara está la definición: “Imagen formada en la mente de una cosa inexistente tomada como real”. Entonces, si es así, que lo es, ¿qué edificio de nuestra vida estamos construyendo?, ¿con qué cimientos?. Si su base son imágenes, ¿qué embates podrá soportar?. Y así ocurre lo que ocurre; cualquier pequeña tempestad se lleva por delante todo lo que habíamos construido; toda nuestra vida; todos nuestros sueños.

No deberíamos perder de vista, que estas ilusiones aparecen gracias a que estamos vivos, gracias a la Vida. La Vida da origen a todo; a la mente y ésta a las ilusiones. Pero también de la Vida nace la Realidad; mejor dicho es la misma Realidad, con mayúscula, que expliqué en un post anterior. Así pues, no tenemos que fabricar nada; ahí está esperando que contactemos con ella y la disfrutemos.

Pero no, elegimos y nos quedamos con la ilusión, que tarde o temprano, acabará explotando en nuestras propias manos.

Así de complicados somos.

El Cilicio (escrito de Juan Ramón)

Archivado en: Juan Ramón — Julio a las 3:18 pm el Miércoles, Marzo 8, 2006

Tengo otro hermano de mi segundo nacimiento, Juan Ramón, a quien le gusta enviar, sobre el tema con el que ambos comulgamos, cartas al Director de distintos periódicos locales. De vez en cuando y con vuestro permiso, os haré llegar alguna.
Esta es una de ellas

***
La fórmula concreta, he ahí la cuestión. ¿Cómo, por qué medios y técnicas, a través de qué procedimiento o qué pasos o etapas deberé atravesar para acabar sintiendome bien de verdad?. Un mecanismo muy célebre consiste en morirse para alcanzar el cielo de ultratumba (eso si, después de haber pasado un examen), y precisamente para hacer méritos cara al aprobado existe como una más la técnica del cilicio. Imagínense un Dios que espera ver cómo sus criaturas sufren auto-infligiéndose heridas innecesarias para congraciase con él (20 MINUTOS). Vaya, yo no digo ni que si ni que no, que las creencias de cada cual son muy respetables, y además de verdad

Pero no es esa la única “fórmula” claro está. Por ejemplo otra algo menos célebre en nuestra sociedad pero asimismo muy, muy antigua, dice que lo que buscas está ya en tu propio interior, por ejemplo con aquella frase evangélica: ”antes bien considerad que el Reino de Dios está dentro de vosotros”. Pero claro, esta otra fórmula es aun más difícil de asumir, porque si mi propia infelicidad no depende del exterior, me echo encima un protagonismo de vértigo y la gente no suele andar tan sobrada de valor.

Deseo

Archivado en: Reflexiones — Julio a las 2:12 pm el Lunes, Marzo 6, 2006

Consigue la llave que abra tu corazón a una nueva vida.

De realidades: mi Realidad

Archivado en: Desclasificados — Julio a las 11:49 pm el Viernes, Marzo 3, 2006

Realidad: Lo que existe: “Con los sentidos percibimos la realidad”
“Lo efectivo y que tiene un valor práctico”

Hay una expresión empleada con frecuencia que es: “Estar con los pies en el suelo”, “Vivir la realidad”. Con esto se quiere decir, que hay que hacer frente a las distintas situaciones que a lo largo de la vida se nos van presentando: hoy tengo que procurar el alimento para mí y mi familia; mañana debo hacer frente a un problema de tipo laboral; al día siguiente, mi hijo se pone enfermo…..

Estas situaciones que se nos presentan, vemos que son muy variadas tanto en su tipo, como diversas aún dentro de un mismo tipo. Nuestro oído, puede percibir ahora un “te quiero” y poco después un “te odio”. Nuestro sentido de la vista, puede contemplar en este instante un día soleado y más tarde el mismo día nublado.

Todas estas situaciones percibidas por nuestros sentidos y que por la definición anterior constituyen la realidad, producen en nosotros una serie de sensaciones: agradables unas; “te quiero”, tal vez el día soleado y desagradables otras: “te odio”, tal vez un día nublado; dolorosas otras, como puede ser una enfermedad.

Vemos pues que esta realidad es cambiante, e inmersos en ella, es por lo que fabricamos los sueños, que tienden a fijar las condiciones que hagan que las sensaciones que nos producen agrado sean para siempre.

A esta realidad, yo la llamaría realidad externa, de naturaleza variable y que produce en nosotros sensaciones también de naturaleza variable.

Pero hay otra Realidad que está teniendo lugar a la vez que se produce esa primera. Hay otro suceder que se produce también en el aquí y ahora, cual es el ir y venir de nuestro aliento. Un aliento que en cada ir y venir, nos trae un soplo de vida; ¿hay algo más efectivo y práctico que esto y por tanto una realidad mayor?. Un ir y venir que también puede ser captado y que da lugar a una Realidad no cambiante.

Y al igual que la primera realidad, que captada por nuestros sentidos, producía en nosotros unos u otros efectos, esta segunda Realidad, captada de alguna otra forma, también nos produce unos determinados efectos. Voy a referirme a uno solo de ellos: viviendo esa Realidad, no tienen cabida los sueños porque es el mayor sueño que pudiéramos fabricar desde la primera realidad.

Ahí está, coexistiendo con la primera, esperando ser descubierta. De nosotros depende que elijamos entre, sufrir con el ayer, soñar en el hoy y estar temerosos del mañana, o fluir en el disfrute del Aquí y Ahora.

Reflexión

Archivado en: Reflexiones — Julio a las 11:01 pm el Miércoles, Marzo 1, 2006

Siento, como si el hombre hubiera venido a este mundo, para tener una experiencia concreta, la experiencia de la Plenitud. Alcanzada ésta, conseguido su objetivo, ya nada le importa; ni siquiera la muerte.

COMENTARIO:
De aquí tal vez provenga esa resistencia a marcharnos; ¡espera!, ¡espera!, que siento que me falta algo por cumplir.

El hombre que nació dos veces. Y Capítulo 3

Archivado en: Personales — Julio a las 9:51 pm el Domingo, Febrero 26, 2006

Y volví a la oficina.

El mismo escenario, los mismos espectadores, los mismos actores, entre los que me encontraba. Todo aparentemente igual, pero con una diferencia substancial y era que uno de esos actores, Julio, regresaba con el papel a interpretar bien aprendido. Ahora sabía de qué iba aquella representación. Había entendido el juego de la Vida y en ese entendimiento, aceptado el papel que le tocaba representar. Entendido que cada uno tiene su papel, que no todos pueden ser primeros actores, pero que todos son necesarios. Y en esa aceptación, había encontrado su satisfacción, su superación, su naturalidad, su libertad.

Esa libertad recién estrenada, libre de los miedos que antes me agarrotaban y anulaban, me impulsó a interpretar papeles que nunca antes pude imaginar, aunque si soñar. ¡Qué gran ayuda la de ese Apuntador interior, siempre dispuesto a echar una mano en cualquier momento de la representación que lo requiriera!

Seguía torpe en mis movimientos, pero esa torpeza ya no suponía para mí ningún tipo de sufrimiento, porque al haberse desprendido de mis ojos la venda de la ignorancia, me permitía contemplar una perspectiva, de la que había desaparecido cualquier atisbo de tragedia o sufrimiento.

Y le cogí gusto a la representación y me atreví a entrar en la de un género hasta entonces vedado para mí, pero en la que siempre había deseado participar: la representación de las relaciones interpersonales. Mi mirada, ayer vacilante, hoy decidida, impulsada por la Libertad, se atrevió a posarse aquí y allá y enseguida encontró a la que iba a ser mi compañera de reparto. Sobre aquel escenario que me había sido negado hasta entonces, para representar el más insignificante papel secundario, iba a escenificar durante bastante tiempo, una obra de la que iba a ser primerísimo actor.

Y se crearon otros escenarios, porque había muchas obras distintas que interpretar. Y se puso especial cuidado en la decoración de uno, pensado para recibir a una serie de actores, partícipes de una representación largamente esperada. Y a él fueron llegando pequeños personajes, primero uno, luego otro, luego dos más, suponiendo la llegada de cada uno de ellos, un enriquecimiento de la obra.

Nunca se les enseñó a estos pequeños actores a interpretar papel alguno. Siempre fueron el más claro exponente de la interpretación de la libertad, sin duda porque fueron concebidos con el patrocinio de la misma. Nunca hubo actores más libres ni libertad mejor interpretada.

Nunca pensé ni soñé representaciones futuras con ellos, tal era el disfrute de la obra que se estaba desarrollando en ese momento; en el Aquí y Ahora que se estaba representando, no tenían cabida los sueños.

Nunca hubo representación de una obra, en la que las palabras, Gracias, Te quiero, Amor, fueran tantas veces repetidas.

¡Cuántas horas de monólogos y silencios con ellos en brazos! ¡Qué comunicación en el silencio!.¡Cuántas canciones susurradas al oído! ¡Qué intercambio de vibraciones! ¡Qué estar en el Presente!

Y a medida que esos pequeños actores iban creciendo, iba cambiando lo anecdótico de la obra, pero no su fundamento, que era el de disfrutar de la misma; habían entendido que para eso eran requeridos a ese escenario. ¡Qué sensación poderles expresar, ahora ya con palabras, de qué iba aquella representación!

Y como en todos los escenarios de este tipo, se presentaron en distintos momentos, situaciones conflictivas, pero ahí aparecía el Apuntador, siempre atento, para con una palabra, encauzar el argumento de la obra y hacerla recobrar su carácter festivo, sin permitir jamás un final con un cielo nublado.

Fiesta, fiesta , fiesta, todos los días festivo; ¿es posible?. Si es posible

Sería injusto si no hiciera mención de la persona, que entre bastidores, contribuyó también al final feliz de todas estas representaciones.

***

Después de lo que os he relatado, ¿podéis entender el que de mi surja un sentimiento de profundo agradecimiento a la persona que ha hecho posible todo esto? ¿Puedo ahogar el impulso de pregonarlo a los cuatro vientos, más, cuando la representación sigue teniendo lugar con el mismo aire festivo?. Cuando he experimentado a lo largo de mi vida, como una de la mayores satisfacciones, el compartir algo con lo demás, ¿en nombre de qué o quien callaría? ¿Del qué dirán, de la vergüenza de otros, del miedo?. En todo caso, allá los otros con sus Muros del miedo como ha escrito alguien.

Si por la palabra de un amigo supe yo de esto, ¿puedo abortar conscientemente la posibilidad de que a través de la mía, pueda tener otra gente el mismo conocimiento?

Por otra parte, si los que pensamos que tenemos algo que decir, callamos, ¿qué se oirá en este mundo, solo ruido?

Gracias a los que habéis aguantado hasta aquí leyéndome.

Un abrazo

Reflexión

Archivado en: Reflexiones — Julio a las 10:55 am el Viernes, Febrero 24, 2006

¡Qué libres nacemos!
¿Morimos tan libres?
¿O morimos esclavos?

El hombre que nació dos veces. Capítulo 2

Archivado en: Personales — Julio a las 7:46 pm el Martes, Febrero 21, 2006

“Julio, ¿que darías tú por ver en persona a un discípulo de Jesucristo?”

No me negaréis que la propuesta no era extravagante, o al menos fantástica. Luego explicó que su hijo, había conocido recientemente a un personaje y que a raíz de ese encuentro, se había producido en él un gran cambio. Completó la información diciendo que un discípulo aventajado del tal personaje iba a dar, esa misma tarde, una conferencia en un Colegio Mayor de la ciudad.

Y aquí podría venir la gran pregunta, la madre de todas las preguntas:.¿Qué fue lo que hizo que a la hora anunciada me presentara yo en ese lugar?: ¿el Destino, la casualidad?…Sea lo que fuere, siempre estaré en deuda con el/ella, pues esa decisión haría cambiar radicalmente el rumbo de mi vida.

Tomé asiento en la sala en la que a mi llegada ya había unas cuentas personas; todas jóvenes, veinteañeras, hipies. Yo era, al menos en el vestir, una persona más bien clásica, el típico oficinista de corbata y chaqueta. Pues bien, tampoco aquel ambiente, no habitual para mí, supuso ningún rechazo por mi parte. Al poco, uno de aquellos jóvenes, que resultó ser el hijo de mi amigo, sentándose en el suelo de cara a los demás, empezó a hablar de su experiencia, de lo que había supuesto para él recibir, de manos de Prem Rawat, lo que ellos llamaban el Conocimiento; me cautivó. Aquella sinceridad con la que se expresaba, aquel hablar de corazón a corazón, aquella espontaneidad, ejercieron sobre mí una atracción irresistible.

Al poco se armó un pequeño revuelo por la irrupción en la sala de un grupo de jóvenes, acompañando a un personaje, alto, delgado, con la cabeza rapada y cubierto con una túnica color azafrán. Tampoco su llegada motivó en mi ninguna muestra de estupor o asombro; vamos, como si estuviera acostumbrado a verlo todos los días. Y empezó a hablar, en un inglés muy básico, de la mente, de nuestro interior, de la paz, de la felicidad, de la armonía, de nuestra ignorancia de ser poseedores del mayor tesoro que pudiéramos imaginar; de la finalidad de nuestra estancia en esta tierra….Por la forma en que lo comprendí y acepté, ¡cuanto tiempo habría estado esperando yo aquellas palabras!: ¡ESTO ES!, ¡ ESTO ES!, ¡ ESTO ES!, me repetía una y otra vez. El milagro ya se había producido. A partir de ese momento, iba a nacer un Julio distinto, lo presentía.

Los acontecimientos se fueron precipitando sin solución de continuidad, Al día siguiente volví a escucharlo en otra sala; pedí permiso sin sueldo y me fui detrás de él a Sevilla, Madrid… De vez en cuando, en estas charlas, el preguntaba a los asistentes si querían recibir las técnicas del Conocimiento y si entendía, que la persona que contestaba afirmativamente no estaba preparada todavía para recibirlas, el le aconsejaba que siguiera escuchando. Así me ocurrió a mí y yo le contesté: no me importa esperar, ya soy feliz.

Al poco fui a Londres donde finalmente recibí las técnicas y donde conocí a Prem Rawat entonces un niño de unos 15 años.

Volví “volao” en el viaje de regreso a Zaragoza: No me importaba siquiera que se estrellara el avión: ya no me importaba nada. Tenía la sensación de haber alcanzado en este mundo, aquello para lo que había venido a él.

Lo primero que deseas al regreso es comunicar a tus allegados, a tu familia, aquel descubrimiento, en la ingenuidad de que ellos lo van a entender como tu lo has entendido; nada más lejos de la realidad. Sobre esto, el personaje de la túnica azafrán, un santón indio, que por lo visto se había leído más de una Escritura, nos había relatado que en una de ellas, con motivo de la venida de un Maestro, se decía lo siguiente: No he venido a traer la paz sino la guerra. He venido a separar al hijo del padre, a la hija de la madre y a la nuera de la suegra. O algo así. En mi caso, no hubo ningún tipo de separación, pero sí una incomprensión total.

Mi deseo era comunicar, comunicar y comunicar; dedicarme en cuerpo y alma a esa labor. Para ello, abandoné la oficina tomando una excedencia y me fui a vivir a una comuna con quince o veinte jóvenes, de ambos sexos, grupo en el que yo era el de mayor edad. Para entonces, gentes de mi edad habían tomado también el Conocimiento.

Era tan grande aquella fuerza interior, que no había obstáculo que se resistiera a mi dedicación: dormir en el suelo; hacerme vegetariano, trabajar en empleos humildes…. En esta época conseguí uno de mis grandes logros, cual fue el dejar de fumar.

Al cabo de unos seis meses en este ambiente de convivencia y ya con los ánimos más reposados, me planteé volver a la oficina, pues entendía que desde ella, podía desarrollar la misma labor de difusión que estaba desarrollando hasta entonces.

Pero esto os lo contaré en el próximo y último capítulo

P.D.
¡Ah!, tal vez os preguntéis el por qué de la alusión a Jesucristo de mi amigo. Seguramente nació de la propensión que tenemos los humanos a etiquetar todo, a identificarlo; si no nos etiquetamos, no somos nadie. Se hablaba del Maestro, con mayúscula y anteriormente había habido otros Maestros. Y a veces ocurre que para hacer valer lo nuestro, hay que compararlo con algo conocido. Bueno, pues tal vez a esto, se debió la comparación que hizo con Jesucristo.

Confidencia

Archivado en: Personales — Julio a las 10:14 pm el Sábado, Febrero 18, 2006

Aprovechando que mi mujer no lee mis post, voy a haceros una pequeña confidencia.

Resulta que, en parte porque me gusta y en parte porque a ciertas edades te recomienda el médico que lo hagas, me doy mis buenos paseos por la ciudad. Y he comprobado que en el transcurso de los mismos, mi mirada se cruza con relativa frecuencia con otras miradas. Hasta aquí nada de particular si no fuera, porque ese cruce de miradas, me produce en ocasiones cierta satisfacción; una sensación agradable.

Me he puesto a pensar el por qué de esa sensación y he llegado a la conclusión de que tal vez se deba a que al ser la mirada una de las formas más directas de manifestación de la Vida, con ese cruce intentas, de alguna forma, captar, robar una porción minúscula de la misma.

Con esta justificación me había quedado, cuando siguiendo con el análisis del fenómeno, me he hecho la siguiente pregunta: bueno, si esto es así, ¿Por qué mi mirada se cruza solamente con miradas de mujer?

El hombre que nació dos veces. Capítulo 1

Archivado en: Personales — Julio a las 10:18 am el Jueves, Febrero 16, 2006

Quiero mostrar mi agradecimiento a la Vida por haberme permitido participar en este juego maravilloso de nacer y renacer.

***

Yo no se la influencia que puedan tener los genes de nuestros progenitores, en nuestra conformación física y del carácter; puede que tengan una influencia absoluta. En lo que ya tengo más dudas es que esa conformación, sobre todo en lo que al carácter se refiere, sea inmodificable, pues en este caso, poco tendríamos que hacer: seremos lo que nuestros genes tengan determinado que seamos y punto. O por el contrario, puede haber una fuerza, un potencial en nosotros, que una vez descubierto, sea capaz de modificar aquello que parecía inmodificable y dar un sentido totalmente distinto a nuestra vida, en la que, ahora si, nos sentiríamos más actores y menos convidados de piedra

***

“Conesica, que a las chicas no les gustan los chicos tan serios”, me soltó aquel hombre.

Yo tendría entonces 12 ó 13 años y a esa edad, solo estaba por jugar. Aquel hombre era conocido por el Maestro. El permanecía muchas veces, sentado sobre unas piedras, contemplándonos mientras jugábamos al fútbol. Mucho más tarde comprendí lo perspicaz de su comentario y también el calvario por el que había pasado, desterrado de su lugar de arraigo, teniendo que renunciar a su profesión. Era maestro en la zona republicana, bando perdedor, proscrito por tanto, y para ganarse la vida, tuvo que emigrar a la zona minera que era donde yo vivía. Seguro que no había pasado nunca por su cabeza dar aquel futuro a sus hijos.

Sí, por lo visto era serio, pero en aquel entonces, niño todavía, este carácter no me causaba demasiados problemas.

Sobre esa edad, mis padres (benditos padres) y con el fin de darnos unos estudios a mí y a mis otros tres herman@s, decidieron dejar el pueblo y marchar a la ciudad. Estudié el bachillerato en un colegio de frailes, que no dejó especial huella en mí y completé mis estudios con un título de grado medio.

Durante todo ese tiempo del Colegio y de la Universidad, aquella seriedad apuntada por el Maestro, fue conformando un carácter en exceso reservado, a la vez que alimentaba la fabricación de una serie de complejos y limitaciones, que se traducían, a su vez, en una falta de relaciones de amistad con personas de uno y otro sexo.

Como podía, iba capeando las distintas situaciones de relaciones sociales que se van planteando en la vida de cualquiera de nosotros, pero hasta entonces y al no verme obligado a convivir en un ambiente determinado, la situación no era excesivamente insufrible para mí.

Entré en la vida laboral, y ahí sí; ahí ya hubo una confrontación permanente de mi carácter con el de los distintos compañeros y compañeras. Aquéllos complejos tan largamente elaborados, tenían ahora un escenario ineludible y unos espectadores esperando su representación. Yo, acostumbrado, como mucho, a representaciones en solitario, no podía con éstas en público; me ahogaba. Y eso que tenía una moral enorme y todos los días los empezaba con la sensación de que aquel iba a ser distinto, pero no. Todos los días, y a medida que estos avanzaban, me iba creando un ambiente más hostil, un ambiente insoportable.

Fuera de la oficina, la cosa era algo distinta; solo, me sentía más libre, me desenvolvía mejor pero sin pasarme, no os vayáis a imaginar.

Hoy, no sé cómo fui capaz de soportar aquella situación durante tan largo tiempo, pues duró hasta alcanzar la edad de 32 años; demasiados días en esos largos años. Tiempo muy apropiado, por otra parte, para soñar, entre otros, proyectos en pareja que por mi carácter, me estaban siendo negados

Os podéis imaginar algunas de las crisis por las que se puede pasar estando en esa situación. Las intentaba combatir de distintas formas, incluso acercándome a la Iglesia, aunque no era muy creyente. Por momentos me rebelaba: “¡Señor, qué felices parecen!”, y maldecía a aquel Dios en quien me habían enseñado a creer.

Y un buen día, en una tertulia de amigos aficionados a la numismática que teníamos después de comer, uno de ellos me soltó el siguiente comentario:

“Julio, ¿que darías tú por ver en persona a un discípulo de Jesucristo?”

continuará

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