En tu interior

Prem Rawat-Maharaji me ayudó a encontrar en mi interior, lo que siempre estaba buscando en el exterior

Preguntas y respuestas

Archivado en: Desclasificados — Julio a las 11:35 pm el Miércoles, Diciembre 7, 2005

ASPIRACIÓN AL DESPERTAR

Quiero ser consciente de mi negación de la realidad
De mi negación de mí
De mi negación de ti
De nuestra negación de nosotros
Ser consciente de cómo se niegan los hombres
Cómo se niega el planeta
Cómo se niega el universo
Quiero ser consciente de la negación de la Realidad

Una persona a la que quiero mucho y a quien deseo de todo corazón que pronto pueda exclamar: ¡ah!, así me gustaría vivir esta vida y mil vidas que tuviera, ¿plenitud?, estado que consciente o inconscientemente deseamos todos, me escribió el otro día esta poesía. La leí y releí una y otra vez y aunque quería vislumbrar algo, no acababa de entender su significado. Al final decidí pedirle que me la explicara; lo hizo y ahora ya la entiendo.

No obstante, después, le hice la siguiente reflexión: mira, le dije: yo entiendo que hay dos formas de intentar alcanzar ese estado que me figuro pretendes. Una es colocarse en el plano de las preguntas y respuestas, de los razonamientos, en el que a cada respuesta que demos a cada una de nuestras preguntas, siempre surgirá una nueva pregunta y otra situarse en el plano en el que no hay que hacer una sola pregunta; simplemente abrir sus puertas y dentro está la respuesta .El primero es el plano de la mente y el segundo es el plano del corazón. El primero es el plano de la confusión y el sufrimiento; el segundo de la claridad y disfrute.

Seguro que esta reflexión, le dará lugar a formularse alguna nueva pregunta o empezar un nuevo razonamiento.

Niños olvidados

Archivado en: Desclasificados — Julio a las 4:45 pm el Viernes, Noviembre 25, 2005

¿Quién de nosotros no se ha sentido alguna vez, atrapado, hipnotizado, contemplando las evoluciones de un niño? Hay algo en él que nos produce una atracción irresistible: sus risas, la libertad con que se mueve, su espontaneidad, la pureza de su mirada; algo hay en él que nos cautiva, algo que sólo él tiene: una vibración especial emana de toda su naturaleza.

El niño va haciéndose mayor; lo vamos educando, va adquiriendo conocimientos, necesarios qué duda cabe, para desenvolverse en esta sociedad que nos hemos dado: aprender, aprender, aprender; formarnos, formarnos, formarnos. Tenemos prisa incluso por dejar atrás al niño que fuimos. Nos educan para ser mayores. Es como si la naturaleza nos hubiera hecho incompletos y nosotros, erigiéndonos en creadores de nosotros mismos, quisiéramos finalizar la obra inacabada, a la vez que vamos olvidando lo creado. Y así en un proceso que no tiene fin.

Pero, ¿y qué hay de aquella atracción que suscitábamos cuando éramos niños?. ¿dónde ha quedado aquella vibración?. ¿Por qué no se manifiesta? ¿No habrá sido sepultada por tantas capas de conocimientos como hemos adquirido?. Porque, ¿quién se ha cuidado de cultivarla, de mantenerla viva?

Menos mal que la Naturaleza, sabia, conociéndonos, la puso en un lugar tal en el que no pudiéramos perderla; en el que nadie pudiera arrebatárnosla. La puso en lo más recóndito de nosotros; en nuestro corazón. Y ahí está, a pesar de nuestro olvido, esperando ser rescatada; ¿cómo?. Tal vez no destruyendo, pero si haciendo lo suficientemente permeables, esas capas de conocimientos que hemos ido adquiriendo y que de alguna forma han contribuido a desconocernos a nosotros mismos, para que permitan manifestarse esas llamadas de socorro que en tantas ocasiones salen de nuestro corazón; destruyendo en parte ese yo, ese ego de persona mayor, “formada”, que las enmudece.

Merecería la pena estar atentos.

« Entradas anteriores